23 Sep
23Sep

Esta nueva era tecnológica está generando niños intolerantes a la frustración, cada vez les cuesta más trabajo perseguir la gratificación no momentánea, la que viene sólo por el esfuerzo y el tiempo, esto se debe a que están acostumbrándose a vivir por el chispazo de dopamina que genera un clic.

Hace poco vi una imagen que decía lo siguiente:

«Claro que podríamos criar sin tiempo frente a la pantalla y también podríamos batir nuestra propia mantequilla. No nos volvamos locos».

Hay una completa insensatez en los padres que se quieran justificar detrás de esta imagen, porque la comparación entre el sabor que tiene una mantequilla artesanal hecha en casa y criar a tus hijos con pantallas no tiene punto de comparación. Entiendo el mensaje relajado que quiere transmitir a otros papás que se puedan sentir culpables por usar como niñeras a las pantallas, pero seamos honestos: algunos quieren minimizar el problema y hacer como si no fuera la gran cosa, cuando sí lo es.

Una mantequilla no te va a crear daño en tu cuerpo (a menos de que comas diariamente un bote entero). No obstante, darle una pantalla a un menor de dos años sólo para que deje de llorar y se entretenga «solo», sí va a crearle un daño cerebral. Esta actitud es egoísta porque después de todos los estudios que existen sobre el uso de las pantallas, los adultos valoran más que sus hijos no les quiten su valioso tiempo. Muchos adultos prefieren el daño a la corteza prefrontal de un niño que dedicarle tiempo para atenderlo.

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